El lenguaje del consumo

Posted By on 30 julio, 2013

Cuando el lenguaje del consumo se debilita

Hay quien se sorprende cuando cuento que en los próximos años y décadas, el lenguaje del consumo, que es el principal marcador social, subproducto inevitable del sistema de crecimiento capitalista, se debilitará y dará paso a otros lenguajes menos insostenibles y más sociales. Cuando decimos que el consumo es un lenguaje nos referimos a que en el capitalismo el modo “sistémico” que tienen los individuos de mostrar su proyecto personal es su consumo de productos y marcas. Es el modo de expresar el sentido de lo que hacemos en la sociedad, un sentido mostrado a través de la adquisición y consumo de bienes, servicios y marcas. Viajes transoceánicos de placer, automóviles de alta cilindrada, residencias y yates son los supuestos marcadores del éxito y de la felicidad. Este es el mundo en el que hemos vivido y que se debilita aceleradamente. Aquí y en todas partes.

¿Libertad?

Esta forma de expresión está recubierta de una pátina de supuesta libertad y de intocable respeto a los derechos de los individuos, de un supuesto derecho a hacer lo que más les plazca con sus ganancias. Se considera este derecho como ilimitado, un derecho que no puede ser puesto en cuestión, aun cuando se sabe que ejercerlo puede tener un efecto perjudicial sobre lo que es de todos. ¿Es un bien común tener ciudades más silenciosas y tranquilas sin motos atronadoras? ¿Lo es vivir en ciudades menos contaminadas donde pague por lo que contamina quien circule con vehículos de alta cilindrada o desperdicie energía? ¿Podemos poner los límites de este supuesto derecho en el ineludible proyecto común de no inundar de carbono la tierra y de mitigar los efectos del cambio climático, que nos lleva inexorablemente a una crisis global de sostenibilidad?

Tasar el sobreconsumo

¿Podemos considerar como problema social la ostentación consumista de riqueza, especialmente en tiempos de crisis? Que no se me enfaden mis amigos del sector del lujo. Recuerdo que el un conocido economista propuso hace un par de años aumentar el IVA de los bienes de lujo. Estoy de acuerdo. Si el sistema económico que hemos adoptado lleva a la desigualdad, mientras no seamos capaces de cambiarlo, hagamos que quien tenga recursos sobrantes los invierta en proyectos de reconversión energética o en proyectos que preserven la tierra de los disparates y del sobre consumo de los que más consumen. Si quieren seguir ostentando y despilfarrando, que paguen tres veces. Una por lo que cuesta el producto, una por el carbono que emiten y el daño que hacen a la Tierra, y otra, finalmente,  por insolidarios.

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