Ni Pirámides ni Mano Invisible. Releyendo a Adam Smith y recordando a Maslow (sin Power Point)

Posted By on 2 septiembre, 2013

Este verano he aprovechado horas de descanso para releer “La Riqueza de las Naciones”, esta obra monumental que tantos conocen por el nombre de su autor y por la supuesta Mano Invisible que- según dicen – se describe y legitima. Lo que da valor de clásico a esta obra – como a Maslow – es a mi juicio es la capacidad de pensar y escribir con una libertad de espíritu absoluta, observando la sociedad – o las personas en el caso del gran psicólogo-,  intentando describir los mecanismos de funcionamiento de la sociedad y evaluando lo observado sin prejuicios difícilmente evitables, prejuicios que están ligados inexorablemente a cualquier presente social. Maslow era un post-freudiano que no se dedicaba a hacer cábalas sobre las teorías del “maestro” sino que trabajaba sobre las personas e intentaba estructurar unas bases teóricas para explicar  comportamiento. Adam Smith quería averiguar que hace rica una sociedad, y no discutir las teorías de Hume o de Platón.

Es curioso, pero para mí no sorprendente – llevo años diciendo a los alumnos que Maslow nunca habló de Pirámides – que el fenómeno de la ilusión de las Pirámides Maslowianas se repite en el texto de Adam Smith. La famosa mano invisible no aparece ni una sola vez en el libro 1, ni en el segundo ni en el tercero. Aparece muy residualmente al final del texto. Manos invisibles y pirámides están tan alejadas de los textos de estos autores como ellos de la egiptología y la brujería. En el caso de Smith, más que hablar de una mano invisible deberíamos hablar de un sociólogo que ve la sociedad a través de la actividad económica. Un observador agudo de la sociedad de su tiempo y de tiempos pretéritos, un observador infatigable que pone la política por delante de la economía, que describe con una frescura, un rigor y una claridad envidiables los mecanismos a través de los cuales las sociedades se enriquecen , con consideración de todos los elementos que la componen. Smith habla de los efectos de la desigualdad, los efectos secundarios (colaterales diríamos hoy) de las regulaciones injustas y abusivas; describe magistralmente cómo proteger los intereses de unos pocos va contra la riqueza de todos. Explica cómo la desigualdad es nefasta para la sociedad, y sobre todo, como la política inteligente supone pavimentar el camino por el que la riqueza puede crecer a largo plazo y de manera armónica. Quien utilice a Smith para justificar el liberalismo que nos ha llevado donde estamos – que consiste básicamente en que la economía acaba dominando la política -, lo está manipulando groseramente, de una manera bien burda. Si Adam Smith viera como se le ha utilizado para justificar exactamente lo contrario de lo que escribe saldría de su tumba. Y  probablemente , se marcharia con Maslow -a visitar las pirámides que el padre de la psicología humanista supuestamente descubrió a mediados del siglo XX.

¿Qué hay detrás de esta simplificación grosera y abusiva del pensamiento de estos dos grandes maestros – y de tantos otros-? Releyendo a Marcuse encontraremos pistas para entenderlo. El sistema de poder se apropia de las Palabras. Las transforma, las hace pasar por un proceso de adaptación ideológica del sentido y las incorpora en un discurso interesado. Los profesores de universidad y de las escuelas de negocios y los medios de comunicación, con la “excusa” que se han de explicar a los alumnos las cosas fáciles y “digeribles”, y sobre todo “aplicables”, y que las cosas se han de explicar en el tiempo que tenemos para subir de la planta baja al sexto piso, caen-y caemos – en simplificaciones que no son inocentes. Una simplificación puede ser una reducción en la esencia o una manipulación grosera e interesada. La esencia de Adam Smith no es la mano invisible ni la de Maslow ninguna Pirámide. La esencia de estos autores sólo la podremos captar cuando nos tomemos el tiempo y la calma de sentarnos con ellos en una mesa y escuchar lo que han escrito. Y siempre veremos – y esto es lo que debemos transmitir a los alumnos-que lo que los ha convertido en referentes de nuestro tiempo es la libertad y su capacidad de enfrentarse a sus propios prejuicios.

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